Era una fría mañana, de aquellas que lo único que te apetece es quedarte retozando entre sábanas y ver pasar las horas del reloj vagueando minuto tras minuto.
Sabía que debía levantarse y atender los quehaceres diarios pero la grata sensación que sentía podía ante la responsabilidad que tenía.
Por fin se dijo que debía hacer de tripas corazón y levantarse de una vez, y entonces fue cuando aquel tremendo estruendo le hizo taparse totalmente de una forma instintiva.
A lo lejos, el reloj del campanario de la iglesia de San Pablo del siglo XVII estaba haciendo notar a las gentes que ya eran las ocho y que el día empezaba y no debíamos demorarlo más.
Su perrito se subió contento a su cama moviendo la colita y deseando que se levantara pues sabía que era su hora de paseo.
Se destapó y noto que la casa estaba muy fría. El helor del ambiente se le metió en los huesos. Se calzó sus zapatillas y se abrigó con su batín de invierno y fue escaleras abajo a atizar la lumbre para poderr calentar su cuerpo y su alma y a la vez poner el café con leche a calentar para empezar a funcionar.
De repente se acordó que debía llamar por teléfono a Clara y ver como le iba la vida. Se lo había prometido hacia días y por una cosa o por otra lo había dejado.
Puso la estufa eléctrica en el cuarto de baño y se preparó para darse la ducha matutina que le tonificaría.
Biko lloraba porque la impaciencia de salir a la calle a hacer sus necesidades le podía.
Notaba una sensación extraña en su interior que jamás había sentido. No sabía que era, si malestar, enfermedad o cualquier otra cosa desconocida...
No estaba satisfecha de su vida últimamente, tenía la sensación de que no vivía la vida suficiente, a la vez que quería vivirla más a tope. Lo malo del asunto era que no sabía como encauzarla para que le llenara ... Mientras el agua de la ducha corría por su cuerpo impregnándolo de una sensación totalmente agradable. Eran ya las ocho y cuarenta y cinco. Debía darse prisa pues se le echaba el tiempo encima y aún tenía que sacar a su perro a pasear.
Se vistió apresuradamente y le puso el arnés al perro para salir a pasear, así el perro hacía sus necesidades.
Salió a la calle y el viento azotó su cara, dándole la sensación que era un día gris y frío de pleno invierno. Cuando llegó al parque le llamó la atención una gran mancha rojiza-marronácea que impregnaba la calzada del paseo. Había un silencio sepulcral a pesar de que el día ya había despertado. Un hombre con una cara extraña se cruzó con ellos y a ella le dió muy mala sensación porque vió que en la mano llevaba algo que además se le proyectaba hacia el brazo. No cabía duda, era una mancha de sangre, del mismo color que la que había visto en el paseo.
Siguió caminando pero el pánico fue invadiéndola.Su perro, muy contento,caminaba a su lado ajeno a todo. Miró a derecha e izquierda queriendo ver a alguien pero no había nadie por allí.
Más adelante se sentó en un banco intentando serenarse y recapacitar sobre las imágenes que había visto. Al cabo de un cuarto de hora más o menos se levantó e intentó seguir dando su paseo con toda normalidad pero no lo consiguió.
Cuando ya regresaba a casa se dió cuenta que unos ojos la mirban insistentemente sin quitarle la vista de encima en ningún momento. Apresuró el paso pero cuanto más corría ella, más corría él. Fue presa del pánico y vió como poco a poco iba ahogándose ya que parecía que cuanto más quería correr más se le clavaban los pies en el suelo. De repente, de entre los matotrrales que bordeaban el paseo surgió una figura masculina con un cuchillo en la mano dispuesta a asestarle una cuchillada mortal.
Riiiing! Riiiiing! Riiiiiing! el despertador sonaba insistentemente...eran las ocho y debía levantarse para ir a trabajar...
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2 comentarios:
Quina casualitat :D Molt bo el relat. Et convido a pujarlo a www.topfanfics.com ;)
dW
Me ha encantado leer tu blog, es muy emotivo supongo que estarás pasando un mal momento, ánimo y adelante que la vida es muy bonita.
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